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Síndrome del intestino irritable

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¿Qué es el síndrome del intestino irritable?

Los intestinos pueden tener un problema que se conoce como el síndrome del intestino irritable. Este síndrome causa retortijones, hinchazón abdominal (se te hincha la zona abdominal), estreñimiento (cuando te cuesta mucho hacer caca o no la puedes hacer) y diarrea (cuando haces caca blanda y líquida).

Si tienes el síndrome del intestino irritable, hay formas de controlar o de prevenir estos síntomas.

¿Cuáles son los signos y los síntomas del síndrome del intestino irritable?

Además del dolor abdominal, los retortijones, la hinchazón abdominal, la diarrea y el estreñimiento, los niños con síndrome del intestino irritable también pueden tener:

  • eructos
  • gases (ventosidades)
  • acidez de estómago
  • náuseas (a veces acompañadas de sensación de mareo)

Los niños con síndrome del intestino irritable pueden tener la sensación de que no consiguen acabar de ir de vientre. O, si tienen gases, en vez de expulsarlos, pueden tener la sensación de que se les quedan atrapados dentro de los intestinos. 

¿Qué ocurre en el síndrome del intestino irritable?

El síndrome del intestino irritable es un problema en la forma de funcionar del intestino grueso, y específicamente del colon. El intestino grueso absorbe agua y nutrientes a partir de los alimentos parcialmente digeridos procedentes del intestino delgado. Todo lo que no se pueda absorber se desplaza lentamente por el intestino grueso hasta salir del cuerpo. Las partículas de alimento no digeridas ni absorbidas se conocen como heces, deposiciones, movimientos intestinales o cacas.

He aquí la explicación de por qué el intestino se "irrita". Para poder hacer caca, los músculos del colon y el resto del cuerpo tienen que trabajar conjuntamente. De no hacerlo, el contenido del colon no puede avanzar tan bien como debería avanzar. Viene a ser como si el colon se parara y luego volviera a empezar, no se moviera o bien se moviera demasiado deprisa. Esto puede doler y hacer que un niño se encuentre mal. Los médicos también creen que las personas con síndrome del intestino irritable tienen los intestinos más sensibles. Por lo tanto, algo que le resultaría un poco molesto a una persona le puede causar un dolor agudo a una persona con síndrome del intestino irritable.

Tener el síndrome del intestino irritable no es nada de divertido, pero lo bueno es que no conduce a problemas más graves. Es molesto y doloroso, pero se puede controlar y los niños que lo padecen pueden hacer todas las actividades que quieran hacer, a pesar de tener este síndrome. 

¿Por qué lo desarrollan algunos niños?

Nadie sabe con seguridad cuál es la causa del síndrome del intestino irritable, pero es una afección que tiende a darse por familias. 

El estrés también puede afectar a los niños con síndrome del intestino irritable. El estrés puede afectar al colon, así como al estómago. Las emociones estresantes también pueden ser desencadenantes del síndrome del intestino irritable. Supongamos que un niño tiene un examen importante en la escuela al día siguiente y está muy preocupado: eso es estrés. O supongamos que los padres de un niño discuten mucho entre sí; eso también sería una fuente de estrés. Si un niño que está en esta situación aprende a controlar bien el estrés, los síntomas del síndrome del intestino irritable remitirán o, por lo menos, se le atenuarán. 

Los alimentos que come un niño también pueden ser un desencadenante. Los alimentos a los que cada niño es sensible pueden variar de un niño a otro. Por ejemplo:

  • Una dieta de alto contenido en grasas les puede sentar mal a algunos niños.
  • Las bebidas azucaradas pueden causar diarrea en otros niños.
  • En otros niños, los desencadenantes pueden ser comer más de la cuenta o ingerir alimentos picantes o muy condimentados.

¿Qué hará el médico?

La mayoría de los niños tienen dolor abdominal, estreñimiento o diarrea de vez en cuando. Eso no significa que tengan el síndrome del intestino irritable.

Pero, cuando un niño tiene este tipo de problemas con regularidad, el médico podría pensar que se trata del síndrome del intestino irritable. He aquí algunas de las preguntas que te puede hacer el médico:

  1. ¿Con qué frecuencia te duele el abdomen? ¿Cada semana? ¿Cada 2 semanas? ¿Cada día? A un niño con el síndrome del intestino irritable le dolerá el abdomen un mínimo de 12 semanas al año. ¡Eso es mucho!
  2. ¿Qué es lo que hace que te desaparezca el dolor? Si el dolor desaparece después de que hagas caca, hay bastantes probabilidades de que se trate de un síndrome del intestino irritable.
  3. ¿Con qué frecuencia haces caca? En el síndrome del intestino irritable, se puede hacer caca con más frecuencia o con menos frecuencia de la habitual.
  4. Y aquí viene lo más importante de todo: ¿Qué aspecto tienen las cacas? A veces los niños perciben que sus heces tienen un aspecto diferente al habitual. Pueden ser de un color diferente, más finas de lo normal y/o contener mucosidades. Esto sí que es un indicador real de que un niño puede tener un síndrome del intestino irritable.

No hay ninguna prueba cuyo resultado permita diagnosticar el síndrome del intestino irritable. Los médicos suelen diagnosticar este problema basándose en cómo una persona describe sus síntomas. Por eso, es realmente importante que los niños hablen con sus padres sobre lo que les pasa, incluso aunque les de vergüenza hablar sobre las cacas. 

¿Cómo se trata el síndrome del intestino irritable?

Si el síndrome del intestino irritable le está causando muchos problemas a un niño, es posible que su médico le recete un medicamento para aliviarle los dolores, los gases, el estreñimiento, la diarrea y/o la necesidad de hacer caca con urgencia.

Pero los niños también necesitan aprender qué es lo que hace que sus síntomas empeoren y evitar los alimentos que los causan. O sea que trata de averiguar qué parece causar los síntomas de tu síndrome del intestino irritable.

Llevar un diario es una forma de averiguarlo. No, no nos referimos a un diario personal donde escribas poemas y/o tus experiencias personales. Piensa en ese diario como una manera de llevar un registro de lo que comes y de si presentas síntomas del síndrome del intestino irritable después de comer ciertos alimentos. También te irá bien llevar un registro de cuando te pones muy ansioso como, por ejemplo, antes de un examen importante, para saber si la ansiedad te empeora los síntomas.

Los desencadenantes alimentarios de cada persona pueden ser algo diferentes. Pero, entre los más frecuentes, se encuentran los siguientes:

  • comer más de la cuenta 
  • los alimentos picantes, especiados o muy condimentados 
  • los alimentos ricos en grasas
  • el chocolate
  • algunos productos lácteos, como los helados y el queso

No solo importa qué comes sino también lo que no comes; el hecho de no comer ciertos alimentos también puede provocar síntomas del síndrome del intestino irritable. La fruta, la verdura, las hortalizas y los alimentos ricos en fibra, como las alubias y las palomitas de maíz, pueden ayudar a que tu colon funcione bien. Beber agua también puede ayudar a un colon irritable a funcionar mejor. 

Aprender a controlar el estrés puede ayudar a todos los niños, tengan o no tengan el síndrome del intestino irritable. Una forma de controlar el estrés consiste en hablar sobre tus problemas con otra gente, sean tus padres o tus amigos. He aquí algunas preguntas que te puedes hacer a ti mismo: 

  • ¿Me estoy exigiendo demasiado en los estudios?
  • ¿Estoy durmiendo lo suficiente?
  • ¿Dedico tiempo a disfrutar y a estar activo, como montar en bici o jugar al baloncesto?
  • ¿Me salto el desayuno y luego tengo tanta hambre que devoro rápidamente la comida? Comer más despacio te podría ayudar aliviar los síntomas del síndrome del intestino irritable.

Sería una buena idea hablar con tu padre, tu madre u otro adulto de confianza sobre las respuestas que hayas ido dando a todas estas preguntas. El mero hecho de hablar con alguien puede hacer que tú  (junto con tus intestinos) te encuentres mejor.

Fecha de revisión: marzo de 2020