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Trastornos temporomandibulares

Revisado por: Kenneth H. Hirsch, DDS
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Casi a todo el mundo le molesta o se le tensa la mandíbula de vez en cuando. Generalmente, estos síntomas remiten al cabo de pocos días y no son motivo de alarma. 

Pero a veces, el dolor puede persistir y empeorar, volviéndose tan intenso que puede resultar difícil masticar, sonreír y hasta respirar. Cuando un niño presenta síntomas de este tipo, lo más probable es que haya desarrollado un trastorno temporomandibular. 

Sobre los trastornos temporomandibulares

Los trastornos temporomandibulares son problemas médicos relacionados con la articulación temporomandibular, la articulación que conecta la mandíbula inferior con el cráneo. Usted puede notar esas articulaciones y cómo se mueven colocándose los dedos justo delante de las orejas y abriendo la boca. Lo que usted notará serán los bordes redondeados de la mandíbula inferior mientras se deslizan a lo largo de la cabeza articular del hueso temporal, que es la parte del cráneo que contiene el oído interno y la sien.

Lo trastornos temporomandibulares (también llamados "trastornos de la articulación temporomandibular") pueden causar dolor en la cabeza, el cuello, la mandíbula o la cara; problemas para masticar y para morder; sonidos tipo chasquido o crujido al abrir o cerrar la mandíbula; y, de manera ocasional, la mandíbula se puede quedar bloqueada, sea abierta o cerrada. 

Los trastornos temporomandibulares pueden afectar a niños de cualquier edad, pero son mucho más frecuentes en los adolescentes, sobre todo en las chicas. 

Causas 

No suele estar claro qué es lo que causa los trastornos temporomandibulares, pero hay muchas cosas que pueden contribuir a su aparición.

El bruxismo (apretar y rechinar de dientes) puede contribuir a que aparezca este tipo de trastornos. El movimiento excesivo de la articulación temporomandibular, puede llevar a que el disco de la articulación se desgaste o se salga de sitio. Apretar y hacer rechinar los dientes también puede cambiar la alineación de la mordida (lo bien que encajan la mandíbula inferior y superior entre sí) y puede afectar a los músculos que se usan para masticar. A veces, la gente no sabe que aprieta y/o que hace rechinar los dientes y aún menos que lo hace mientras está dormida. 

El estrés puede influir en los síntomas de los trastornos temporomandibulares, al favorecer que los niños aprieten la mandíbula, hagan rechinar los dientes y/o tensen los músculos de la mandíbula.

Los trastornos temporomandibulares son más frecuentes en los niños que tienen otros problemas dentales (como una mala mordida), problemas articulares (como la artritis), problemas musculares o antecedentes de traumatismo en la mandíbula o la cara. 

Signos y síntomas

Hay muchos síntomas que pueden indicar un problema en la articulación temporomandibular. Algunos de los más frecuentes son:

  • dolor en los músculos faciales, las articulaciones de la mandíbula o alrededor de la oreja, y a veces en el cuello y los hombros. Algunas personas tienen dolor cuando hablan, mastican o bostezan; una cantidad reducida de ellas puede notar espasmos musculares. 
  • chasquidos, crujidos o sonidos chirriantes que se hacen al abrir o cerrar la boca (algunos niños que oyen este tipo de sonidos pero que no tienen otros síntomas pueden no requerir ningún tipo de tratamiento)
  • dificultades para masticar o morder 
  • dolores de cabeza, mareos, dolor de oídos, pérdidas auditivas y pitidos en los oídos (tinnitus o acúfenos)
  • bloqueo mandibular (la mandíbula se queda trabada mientras está abierta o cerrada) 

Cuándo ir a dentista

Si su hijo presenta síntomas de un trastorno temporomandibular, informe a su dentista. Cuanto antes se diagnostica y se trata un trastorno temporomandibular, mucho mejor.

El dentista les hará preguntas, explorará a su hijo y es posible que le pida pruebas de diagnóstico por la imagen [como una radiografía, una tomografía computada (TC) o una resonancia magnética (RM)], para confirmar un trastorno temporomandibular. 

Si a su hijo se le traba la mandíbula, sea estando abierta o cerrada, diríjanse a un cirujano maxilofacial o a un servicio de urgencias. 

Tratamiento

En algunos niños con trastorno temporomandibular, el tratamiento puede ser tan sencillo como dejar reposar la mandíbula durante unos pocos días. 

Ofrézcale a su hijo alimentos blandos y asegúrese de que evite cualquier hábito que pueda agravar sus síntomas, por afectar a la articulación temporomandibular o a los músculos de la cara (como mascar chicle, apretar o hacer rechinar los dientes o abrir demasiado la boca al bostezar). Aplique bolsas de hielo o calor sobre el lado de la cara de su hijo afectado por el trastorno temporomandibular para ayudarlo a estar más cómodo. 

Dependiendo del tipo específico de diagnóstico de trastorno temporomandibular, puede ser necesario que reciba más tratamiento. A un niño con la mandíbula trabada, le tendrán que manipular la mandíbula hasta que él la pueda abrir y cerrar por sí mismo. A veces, este tipo de manipulaciones se hacen bajo sedación.

Si el dolor está causado por apretar y/o hacer rechinar de dientes, es posible que el dentista crea necesario diseñar una férula de descarga o una placa de mordida para que su hijo la lleve puesta por la noche a fin de reducir el apretar y rechinar de dientes. También le pueden recetar medicamentos para ayudar a aliviarle el dolor o a relajar los músculos. 

Y si el dentista considera que un problema en la mordida de su hijo está contribuyendo a su trastorno temporomandibular, es posible que le recomiende llevar un corrector de ortodoncia (o bracket) o bien someterse a otro tipo de procedimientos dentales para corregirlo. 

De forma ocasional, cuando los síntomas no responden a otros tratamientos, un niño puede necesitar que lo operen para reparar el tejido dañado de la articulación temporomandibular. Pero la mayoría de los niños no necesitan operarse. 

Prevención 

Hay muchos niños que desarrollan trastornos temporomandibulares o dolor mandibular como consecuencia de apretar la mandíbula o hacer rechinar los dientes de forma inconsciente y repetida. Puede ayudar a su hijo a controlar estos hábitos haciendo que sea consciente de las actividades de apretar y hacer rechinar los dientes. 

Enseñe a su hijo a que se fije en esas conductas cuando ocurran (por ejemplo, durante un examen en la escuela o cuando esté enfadado o alterado) para que pueda ponerles fin de forma voluntaria. Si las conductas se deben al estrés, anime a su hijo a hacer abundante ejercicio físico para liberar energía. Los ejercicios de respiración también pueden ayudar a los niños a relajarse. 

Pida más consejos a su dentista para evitar los trastornos temporomandibulares.

Revisado por: Kenneth H. Hirsch, DDS
Fecha de revisión: julio de 2015