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Sol y seguridad

Revisado por: Melanie L. Pitone, MD
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Cuando los niños están al aire libre, es importante proteger la piel de una exposición excesiva a los rayos ultravioletas del sol (rayos UV), lo cual puede provocar cáncer de piel, envejecimiento y lesiones en la piel, así como lesiones en los ojos. 

¿Cómo ocurren las quemaduras solares? 

Los rayos UV reaccionan con una sustancia química presente en la piel y llamada melanina. Cuanto más clara es la piel natural de un niño, menor es la cantidad de melanina que contiene para absorber los rayos UV y para protegerse. Los niños con piel más oscura tienen más melanina. Pero sin importar el tono de la piel, es necesario proteger a todos los niños de los rayos UV porque cualquier tipo de bronceado o quemadura provoca daños en la piel.

Las quemaduras solares ocurren cuando la cantidad de exposición a los rayos UV supera la protección que ofrece la melanina presente en la piel. Cuanto más tiempo permanece una persona en el sol y más fuerte es la luz solar, mayor es el riesgo de sufrir daños. El bronceado es un indicador de que la piel está dañada y no sirve en absoluto para protegerla.

¿Cómo puedo proteger la piel de mi hijo?

Use protector solar 

Los expertos recomiendan que todos los niños (sin importar su color de piel) usen protector solar con un FPS de 30 o superior. Independientemente del protector solar que elija, asegúrese de que se trate de uno de amplio espectro (que proteja tanto contra los rayos UVA como contra los rayos UVB) y de que, si los niños se van a meter en el agua, sea resistente al agua. Aplique una cantidad generosa de protector solar y hágalo a menudo.

Evite las horas del día en que los rayos solares sean más fuertes

Trate de estar a la sombra cuando los rayos del sol sean más fuertes (lo que suele ocurrir entre las 10:00 y las 16:00 horas en el hemisferio norte). Si su hijo debe exponerse al sol en esta franja horaria, asegúrese de ponerle (y de volverle a poner) protector solar, incluso aunque solo esté jugando en el patio trasero o el jardín de su casa. La mayor parte del daño solar ocurre en las actividades cotidianas, porque es más fácil olvidarse de usar protector solar. Recuerde que, incluso en los días nublados, frescos o encapotados, los rayos UV llegan a la Tierra. Este "sol invisible" puede provocar quemaduras solares inesperadas y otras lesiones en la piel.

Cúbrase la piel

Una de las mejores formas de proteger la piel es cubrirla bien. Para ver si tiene una protección suficiente, coloque una mano dentro de las prendas de vestir para asegurarse de que no se puede ver a través de la prenda. Algunas prendas de vestir tienen un factor de protección ultravioleta (FPU) contra el sol; revise las etiquetas.

Los bebés sufren quemaduras solares más fácilmente; por lo tanto, debe mantenerlos fuera del sol siempre que sea posible. Si su bebé debe estar al sol, vístalo con ropa ligera que le cubra el cuerpo completamente, incluyendo gorras con amplias viseras para ensombrecerle la cara. Si su bebé aún no ha cumplido los 6 meses pero hay pequeñas áreas de su piel (como la cara) que se exponen al sol, puede usar una pequeña cantidad de protector solar con un FPS de 30 en esas áreas.

Hasta los niños mayores necesitan evitar el sol. En las salidas al aire libre, lleve siempre consigo una amplia sombrilla o una tienda fácil de montar para jugar en su interior. Si no hace mucho calor al aire libre y a su hijo no le incomoda, vístalo con camisas de manga larga y pantalones largos.

Lleve gafas de sol 

La exposición solar lesiona tanto la piel como los ojos. A la larga, la exposición acumulada puede provocar cataratas (una opacidad progresiva del cristalino que conlleva una visión borrosa) en etapas posteriores de la vida. La mejor forma de proteger los ojos de los efectos nocivos del sol es llevar gafas de sol que ofrezcan protección contra los rayos UV del 100%.

Deje que sea su hijo quien escoja su propio par de gafas: hay muchas opciones divertidas, con monturas de muchos colores o con personajes de los dibujos animados. Busque gafas de sol con una protección UV de al menos 99%.

Compruebe y vuelva a comprobar la medicación de su hijo

Algunos medicamentos incrementan la sensibilidad de la piel a los rayos UV. Pregúntele al médico de su hijo o a su farmacéutico si alguno de los medicamentos que toma su hijo, sea de venta con receta médica (sobre todo si se trata de antibióticos o de medicamentos para el acné) o de venta libre, puede incrementar su sensibilidad al sol. De ser así, tome medidas de precaución adicionales. La mejor protección consiste simplemente en cubrirle la piel o en quedarse en interiores; hasta los protectores solares pueden ser insuficientes para proteger la piel de la sensibilidad al sol.

¿Y si mi hijo sufre una quemadura solar? 

Cuando los niños sufren quemaduras solares, suelen sentir dolor y calor en la piel. Esto suele empeorar varias horas después de la exposición al sol. Puesto que el sol les ha resecado la piel, esta les puede empezar a picar y tirar, como si estuviera muy tensa. La piel quemada por el sol se empieza a pelar aproximadamente una semana después de que se produce la quemadura. Insista a su hijo en que no se rasque ni se arranque pellejos de piel porque la piel que crece bajo la quemadura se le podría infectar.

Para tratar una quemadura solar:

  • Dé a su hijo un baño de agua fresca (no fría) o aplíquele con delicadeza compresas o paños húmedos y frescos sobre la piel para calmarle el dolor y la quemazón.
  • Aplique crema hidratante con aloe vera o un gel de aloe vera (disponible en la mayoría de las farmacias) sobre las zonas quemadas por el sol.
  • Dele a su hijo un analgésico, como ibuprofeno o paracetamol para aliviarle el dolor y el picor. (No le dé aspirina a los niños o adolescentes.) Un medicamento de venta sin receta médica llamado difenhidramina también puede ayudar a aliviar el picor y la inflamación.
  • En niños mayores de 2 años, aplique una fina capa de crema de hidrocortisona al 1% en las zonas con quemaduras más importantes, a fin de aliviarles el dolor. (No utilice ningún producto que contenga vaselina, porque tienden a retener el exceso de calor y de sudor en el área afectada. Evite también los productos de primeros auxilios que contengan benzocaína, que puede provocar irritación cutánea y reacciones alérgicas.)
  • Asegúrese de que su hijo beba abundante líquido.

Si aparecen ampollas, llame al médico. Insista a su hijo en que no se rasque, toque o reviente las ampollas, porque podrían infectarse fácilmente y dejar cicatrices.

Haga que su hijo no se exponga al sol hasta que se le haya curado la quemadura. Si su hijo debe salir al aire libre, asegúrese de cubrir totalmente la zonas quemadas por el sol. Cualquier exposición adicional al sol solo aumentaría la gravedad de la quemadura y también el dolor asociado.

Si su hijo tiene fiebre, escalofríos, dolor de cabeza o malestar estomacal o confusión después de una quemadura de sol, llame al médico. Tal vez deba recibir atención para sentirse mejor.

¿Qué más debería saber?

Los rayos del sol varían según la época del año, la altitud y la cercanía a la línea del ecuador:

  • Los rayos UV son más potentes durante el verano. Pero el verano ocurre en diferentes momentos del año en el mundo. Si viaja a un país extranjero donde es verano, deberá incluir en el equipaje el protector solar más fuerte que pueda encontrar.
  • Incluso durante los  meses de invierno, si va con su familia a esquiar a la montaña, asegúrese de que todos se pongan abundante protector solar. Los rayos UV se reflejan tanto en la nieve como en el agua, lo que aumenta el riesgo de quemaduras solares.
  • También se necesita una protección adicional cerca de la línea del ecuador, donde las radiaciones solares son más fuertes, y en las grandes altitudes, donde la capa de aire y de nubes es más fina.

Y no olvide ser siempre un buen ejemplo. Use protector solar, lleve gafas de sol y limite la cantidad de tiempo que pasa al sol. Con estas medidas, no solo reducirá su riesgo de sufrir lesiones provocadas por el sol sino que enseñará a sus hijos una actitud inteligente con respecto al sol.

Revisado por: Melanie L. Pitone, MD
Fecha de revisión: junio de 2022